Todo va volviendo a la normalidad, poco a poco. Las vacaciones acaban, mi vida continua igual. Salvando las distancias con ciertos cambios, pero a fin de cuentas sigo moviéndome. No mucho, no. Para otros menesteres soy un desastre, sí lo reconozco. Y también tengo asumido que debo dar otro giro. Trabajar y dejar de estar en una línea plana. De mientras, salgo con mi bici, miro la naturaleza que hay a mi alrededor. Me relaja, como tantas otras cosas que me llevan a ese estado. Un partido del F.C Barcelona, ganado por goleada. Un ciclo exitoso, yo también quiero que llegue el mío. Volviendo a las palabras. Aún están dentro, las noto. Como un torbellino queriendo salir. Otra vez escribo una página, dos... quién sabe cuantas. Mejoro y no me detengo. Lloro y me seco las lágrimas. Invisibles, en la oscuridad de la habitación. Interior, así caen las gotas cristalinas. Ya no resbalan sobre mis mejillas.
8/30/2011
8/09/2011
Sobre dos ruedas
Sobre dos ruedas, cruzando los caminos. La naturaleza, el viento dándome en la cara. Disfrutando de cada pedaleada, de cada subida, de los roces con los árboles. Reparador, respiro el aire de las montañas como si cada microsegundo que paso encima de la bici, fuera un pulso que gano al pasado. Escribe el presente y déjate de ataduras. Poco a poco voy encontrándome conmigo mismo, saliendo de ese punto abstracto en el que estaba. Aquella partícula de arena que todo el mundo pisaba. Ya no. Me digo y me ciño a mi norma enviándole un guiño al diablo. Aquel que me sedujo hace tiempo y me envió a las brasas de su confinamiento. Renaces desde las cenizas de tus propias cicatrices. Sabiendo que las tienes pero dando un paso firme hacia delante. Eso quiero y me prometo. Ya no lloro por algo que paso, que los destinos desligaron. Ahora lucho por mantenerme en pie y no caer en la próxima bajada.
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