LLegó el frío, las hojas de los árboles cambiaron el paisaje. Ya no me siento congelado, ni paralizado. Tal vez el cambio del aire tenga algo que ver. O el continuo movimiento, me siento dentro de un flujo. Y como tal, voy actuando y coordinando las palabras. Tocando la tecla correcta. Al fin y al cabo hablar es como escribir, hay que saber escoger bien entre mis ideas enredadas. Aunque a veces no hace falta ni pensarlo, la conversación te lleva hasta puntos que yo ya intuyo. Es como si fuera la melodía rota de una canción, la vas componiendo a tu gusto. La llenas de notas, cambias el tiempo y aceleras un paso. Pero no conviene distraerse, a no ser que quieras cambiar el pentagrama por completo. Como un sol radiante, pero frío en el exterior. Tocándote cada parte de tu cuerpo. El frío. Me gusta, me activa y no me deja sin aliento. Otra semana comienza, queda menos para acabar el año. Este año ha sido productivo, por fin me he puesto con el inglés y estoy avanzando. Cambiando el ritmo de los compases, ya era, ya era hora. –Que despertaras... viejo amigo mío.
