4/06/2013

Con Rumbo


Con mano firme en el volante sigo el camino. Conduciendo voy repasando las ideas de una mente inquieta. Ya no me duele el pasado, ya no es aquella sensación agridulce. Puede que después de todo, la lluvia y las lágrimas mojaron un terreno puntiagudo. LLeno de grietas y agujeros por los cuales no veías el fondo. Ahora ya no, (ya no) me vuelvo a decir. Suspiro y miro al cielo oscuro mientras el disco del semáforo cambia. Mis manos ya no me tiemblan. Mantengo el pulso a la vida. Es una fuerza de dos, me mira y la desafío. Ya no me va volver a enterrar en una habitación con sábanas negras. Las espinas se van cayendo. Todo vuelve a un punto desconocido. Puede que sea más bonito que las luces grises del pasado. Vuelvo a suspirar y me estremezco. Piso suavemente el acelerador y doy un giro, luego otro y me vuelvo a parar. Me bajo, enciendo un cigarro y observo el cielo. Esta nublado y amenaza lluvia. Pero me da igual, me quedo quieto. Repasando recuerdos, miradas perdidas y anotaciones sin importancia en libretas vacías. Bostezo y decido que es hora de volver a subirse y regresar a casa. Ha sido un duro camino.