No quería dejar de ensayar con las seis cuerdas, me sentía poseído por ellas, mis dedos y oídos inquietos estaban perplejos por la la limpieza que salía en forma de ondas expansivas a través de mi amplificador. Unas lágrimas de felicidad, ensalzaban mi interior en forma de tonos y semitonos que se hacían valer como una expresión de mi interior para transmitirlo al exterior. Todo apunta a la perseverancia y a la no desesperación de tocar un instrumento musical, tan complejo como la vida misma, pero tan fluido como el dulce sonido de una melodía llegando hasta lo mas profundo de tu ser. Tras mas de un año de ensayos, se están viendo cosas realmente interesantes, por fin la guitarra empieza a hablar como yo quiero. Las composiciones de mi mente están cada vez mas cerca. todo llega, sin duda.
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