LLevaba toda la vida soñando, tenía la sensación de que las cejas me pesaban. Que esa fina cortina de uñas negras no me dejarían ver. Que todo se me clavaría como puñales. Y resultaba que el que estaba equivocado era yo, no el mundo. Yo pensaba que habría enemigos por todas partes, y que irían a por mi. Pero una cosa había cambiado, ya no soy el que era. Aquel papel que quería permanecer arrugado. Deseaba abrirme, descubrir con mis propios ojos aquellos tiempos que me perdí. Me dije, que la vuelta atrás ya no era posible. Pero que si me quedaba observando demasiado aquel niño que era, me perdería en un presente que ya no pintaba tan mal. Todo empezaba a difuminarse y aquel chico que temía a todo, ahora lo ve todo desde otra perspectiva. Que sería... ¿si? pudiese cambiar aquel minuto de ese día. Suspiraba por cosas irreales, chicas de las que ni siquiera veía las huellas a través de la ventana del tiempo. Pasaba por delante sin dejar rastro, quizás a veces me consideraba así. Invisible ante aquella mirada que paraba la escena. Ya no lo sentía, no encontraba aquel punto de sutura. Quizás lo viejo se quedaba en un pequeño cofre de madera. Cerrado.

A veces lo viejo parece tan nuevo... y lo nuevo tan viejo.. Crecer a veces está bien aunque tenemos que vigilar no crecer(nos) demasiado, que luego no se cabe en los sitios.
ResponderEliminarHacía mil que no me pasaba ( mil perdones:_)
Mejor no pensar sobre lo q pudo haber sido, sólo hay q exprimir cada instante para no volver a tener esa sensación.
ResponderEliminarBesoss!