Podía notar como tus pupilas me electrizaban. Ya no estaba soñando, todo se basaba en señales. Algunas seguían estando lejanas, como los labios que acompasaban la sutileza de tus palabras. Aún no me veías, seguía esparciendo rosas cada vez que tu pasabas. Me contentaba con ello, creía que tu calor me abrazaba. Pero no era así, la luz tenue de la luna no me iluminaba lo suficiente. Tú a veces me llamabas, yo solo escuchaba el eco de tus suspiros. Me guiaba por ellos, era como una pequeña caricia de tus manos. Me ruborizaba, era feliz teniéndote cerca y a la vez tan lejos. Era un mundo en el cual no existía tu nombre, solo me rodeabas con tus brazos para que no desapareciera.
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1/23/2011
10/22/2010
Verte
A veces las farolas se apagan cuando paseo por el camino misterioso e irregular de esta vida. Es como si no encontrara apoyo alguno en esta desdicha. Recurro a mi imaginación y veo el delicado perfil de tus mejillas. En ese momento me siento entero. Observándote aunque sea desde el reflejo de tu corazón. Cuando noto tus latidos me digo a mi mismo que espero que seas feliz. Porque yo no hago más que escribirte bajo las atenuadas luces del alba. Como si no quisiera despertar de este sueño maravilloso. Te querría ver siempre aunque el destino fuera otro. Pero las manecillas de los relojes se detuvieron en el pasado. Y no pude quedarme por más tiempo en ese hilo temporal que una vez coincidimos. Así son los pasajes de mi vida. Totalmente inconclusos. Me gustaría que algún día fueses tú quien borrase la fina capa gris que se cierne sobre mí.
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