Imaginaba que era un remolino de aire y que me revolvía por cada parte de cuerpo. Quería arrastrarte conmigo hasta que volásemos a través de las nubes algodonadas. Sentía que tocaba el cielo cuando el calor de tus labios, chocaban con la humedad de los míos. No podía parar de trasmitirte todo lo que me hacías sentir, ver, oler e incluso deslizaba suavemente mi pluma, escribiéndote versos que deseaba que fuesen acogidos. A veces no encontraba apoyos y las palabras rompían la tristeza de una vida basada en tu reflejo. Como pequeños haces de luz colándose por las transpariencias de tu ropa. Una hoja cayendo en otoño...

No hay comentarios:
Publicar un comentario