Ya no sabría que escribirte, mis letras resbalarían sobre el papel. Ríos de tinta roja corren aun por mis venas, sabiendo que jamás emergerá. Que nunca me verás, que siempre estaré atrapado en las paredes oscuras de mi habitación. La piel que cubre mis huesos no notará el calor de tus manos. La luz que me fustiga, parece no querer perder la última llama. El eco del pasado, de la línea marcada que no cicatriza mi corazón. Desgarrado en el tiempo, en las agujas que se detuvieron en el reloj de tu muñeca. Y en el presente, todo sigue igual. Pausado. Viendo a través de imágenes tus gustos, aunque no tu rostro. La sonrisa que regalas a tu gente. En fin, yo sigo pagando algo etéreo. Relatando sueños, irrealidades que por mucho que quiera dos vidas opuestas seguirán trazados distintos. Querría que tu mirada recorriese el contorno de estas letras, pero sé que todo seguiría igual. Sumido en un reflejo, impactado de lo que te escribo.

Tal vez algún día te lea. O provoques que lo haga y hasta le guste. Escribir tanto por alguien puede ser una forma de llamarle.
ResponderEliminarNo lo sé, ojalá sea así. Ganas no me faltan para que se pase por aquí. En fin, aunque si eso ocurriera todo seguiría igual.
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