Antes me quedaba parado, mirando por algún agujero. Veía todo negro, sin respuesta y sin respiración. ahora me muevo, busco y estoy donde están ellas. Atento a un movimiento. A un segundo de reacción, ya no me quiero quedar quieto. Si lo hago dejo de existir, desaparezco en una selva de asfalto. Donde gana el que hace el mejor movimiento, como si fuera una partida de ajedrez. Se trata de estar despierto, de abrir los ojos y tenerlo claro. Fijar un objetivo, una meta palpable. Acercarme y registrar jugadas nuevas, actualizarme un poco. Después de un pasado sombrío es lo menos que puedo hacer. Jugar. Si pierdo al fin y al cabo la partida sigue en el mismo punto. Reinicio y vuelvo a empezar. Me mantengo quieto durante unos segundos y observo a mis rivales. Disfruto y realmente a veces me parece un juego. Me lo tengo que tomar así, con sangre fría. Analizar y elegir la jugada correcta. Mover la pieza y esperar el próximo movimiento...

Interesante. Es cierto lo del juego y lo de no quedarse quieto ni dormirse.
ResponderEliminarPor cierto, novela negra japonesa "Out" de Natsuo Kirino, otra forma de ver el crimen. Estos japoneses tienen también muy buenas autoras.