Como en la vida misma, la montaña traza caminos desconocidos. Inciertos y llenos de hojas. No sabría que decir. Algo esta rompiendo el pequeño muro que me había puesto. No supe porque me lo puse. Quizás para protegerme, para no llorar. Pero a veces y solo a veces funciona. Pero esta comprobado que es más bonito llorar, aprender del error e incluso después de analizarlo, disfrutarlo al día siguiente. Llegó una ventana que me ha permitido ver otras cosas, hacerlas más sencillas. Puede que sea eso, al fin y al cabo no todo es tan complicado. Lo que es curioso, es que la bici más allá de ser un deporte me este ayudando tanto en otros aspectos. A querer ser más aventurero y arriesgar más en cada curva, saltar y golpear la tierra húmeda y pedregosa. Puede que... después de todo note que se me da bien, bajar, subir respirar la tranquilidad que da el monte. No importa madrugar, sea la hora que sea. Es como una llamada, hacia las nubes, el sonido del viento agitando los árboles. La respiración de mis pulmones, el sudor del esfuerzo. LLegar a casa y tener la sensación de que querías estar todo el día. Pedaleando, relajándome. Ya no es un simple deporte, llega un punto que se convierte en un estilo de vida. Me mantiene en forma, me relaja y al mismo tiempo combina esfuerzo y técnica. ¿Que más puedo pedir de este maravillo deporte?? Me siento afortunado de que me guste y de que sea una pasión.

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