1/30/2010

Espíritus

Vagando como alma ajena a mi cuerpo parecía que estaba deseoso de que algo rompiera esa rutina infernal llamada jornada laboral intensiva. Mis oídos se hacían los remolones cuando algunos compañeros me hablaban y yo pensando: ¿mierda, me estaré quedado sordo, o mi falta de atención hacia ellos, es tan nula que mi cerebro se desactiva? Creo que es la segunda alternativa, ya que estoy tan absorvido por el trabajo que no escucho.

Solo estoy pendiente de mis queridas máquinas y que durante las ocho horas o diez que dure mi turno quiero tener los mínimos problemas posibles. En fin, al menos lo positivo es que estoy concentrado al cien por cien. ¿Eso es bueno o malo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario