1/04/2010

No se para

Me siento como un peón yendo a descargar material en breve y que está contando las horas que faltan para salir y que todavía no ha empezado la jornada laboral. Es angustioso, la hora de entrada: a las tres de la tarde normalmente acabas de comer y en cambio ahora no te da tiempo ni de acabar la digestión.

Al menos la tarde se torna plácida si las máquinas no se ponen juguetonas y deciden jugármela en un día que quiero que pase rápido porque mañana y el miércoles en mi calendario pone "festivos". Total, ayer noche mi querido jefe que parece no querer partir del lugar de trabajo nos diviso a mi compañero y a mi ya cambiados de ropa para volver de nuevo a nuestras vidas hasta que nos dice: "es la una menos cuarto"

Era para verle respondido: "no nos puedes decir nada, ya que gracias a los horarios que hacéis con el culo el día treinta y uno no hicimos ni la jodida media hora de descanso legal, debido al exceso de faena" Y tampoco me dirigí al sindicato a quejarme capullo, y podía haberlo echo tranquilamente y teniendo como testigo al compañero.

Aunque bueno, tampoco hace falta eso, ya que luego nos tomamos la justicia por nuestra mano, y el tiempo de relajación al día siguiente ascendió a cuarenta minutos. Ojo por ojo....

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