Me siento asquerosamente atraído, lo confieso. Es mi amor platónico, de hecho toda mi vida he estado rodeado de ese tipo de amores. Ninguno se ha consumado...me siento como un jugador de póquer a punto de agotarse su suerte. Sí, ahí estaba...detrás de mi. En la mesa, sentada sobre una silla y los labios ligeramente mojados con Coca-Cola, yo... me rindo a sus pies. Joder... encima es aplicada la chica, tendré que visitar más continuamente el aula de estudio. Dos son mis objetivos; entenderme con los números y empezar un diálogo con ella. Aunque sea para pedirle el saca puntas. Bah, soy un cobarde, me siento como Bukowski, es decir, borracho y en un sucio bar. Quizás la bebida me aporte ese punto... la chispa que haga mover mi lengua. No creo que empiece a beber, ni en sueños lo haría. Pero me gustaría plantarme ante ella...decirle; ¿que tal el día? o... ¿me dejas el saca puntas??

Pues eso de confiar en la bebida lo que no confías en la lengua no es bueno. Podrías perder el control de la botella. Pero ya veo que no es el caso. Esa historia de amor platónico me suena a antigua. Hazle cualquier pregunta pero no las pienses tanto. Seguridad ante todo.
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