La rutina es tan dura como el asfalto. Me golpea cada día, me quema la venas. Y aún así me tengo que levantar, alargar la mirada y ver más allá de esa fina cortina que no nos deja ver nada. Lo voy entendiendo, me lo tengo que trabajar. Nadie regala nada, a veces solo a veces me gustaría volver a ser un niño. Disfrutar de todo sin pensar en que pensarán. Tengo que caminar firme, dejar que mi huella quede marcada en la acera. Controlar la ira y volcarla en situaciones positivas. No merece la pena amargarse por nada, ya huele todo bastante mal como para tratar de no respirar. Un día necesitaré un bastón para sostenerme, sentar mi culo de viejo y ver las faldas cortas. Entonces solo entonces, comprenderé el tiempo que estoy desperdiciando ahora. Solo espero ver esas pequeñas fluctuaciones de la realidad para ver algo. Tal vez, tal vez solo sea posible así...

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