De nuevo estoy derramando lágrimas. Sólo, todo el mundo se ha ido. Mi hermana, mis padres. Me he quedado con la compañía de las sábanas de mi cama. Arrugado como un trapo, me siento inútil, sin ganas de respirar. Total, no me muevo de aquí. Excepto para ir a comprar el periódico. Eso si lo hago bien, al menos ayer estaba inspirado. Las notas me salían fluidas, me sentía unido a la guitarra. Siento rabia, o más que eso... no sé cuando comprendes que estás solo. En realidad siempre ha sido así, quizás lo disfrazaba un poco. Las máscaras ocultan la verdad y esconden ese punto agridulce. Me doy cuenta, lo sé y lo intuía. Verano asqueroso. Poco emocionante, sin nada. Llorar se me da muy bien, por lo que veo quejarse sí que es un punto extra que tengo. Bah. No sé que cojones comer hoy, pastel de atún, pasta... o tal vez me consuma a mi mismo. Ojalá, quiero perder peso. Diez kilos por lo menos, el deporte es muy exigente y requiere sentirte ligero, como una abeja flotando. Ya... de nuevo, viene ese lado de frustración y realidad. No consigo romper ese muro, esa grieta no aparece. Nada aparece, salvo el color gris tirando a negro.
Mucho tiempo solo y de golpe puede hacer que te sobrevengan esos ataques de bajón. La soledad es hermosa pero sólo cuando es controlada y voluntaria. Un momento pasajero, sólo eso.
ResponderEliminar