Intenté tragarme el asqueroso chicle que tenía en la boca. Me deshice rápido, y senté mi trasero en un banco mojado. No suena coherente, pero...¿hay algo coherente en esta vida? Deduje que no y trague mi saliva deseando que fuese la de una fémina. Suspiros y lamentos suenan como una vieja canción en un vinilo de los sesenta. Di un paso atrás como una guarra observando a la chica de la falda corta. El verano altera mis sentimientos y mi lenguaje. Sueno más sucio y tosco que durante los meses de invierno. Lo confieso, ni un un cura se atrevería a escuchar mis pecados. La vieja cruz llena de cagadas de palomas, refleja el escaso presupuesto que reciben desde el vaticano. Ellos se lo montan bien, con estado propio y varones sedientos de sexo en grandes cantidades. La aguja del vinilo comienza a rayar el disco y hacer temblar mi tímpano. Me levanto directo a la iglesia. En mi vida he ido a misa. Ni pienso hacerlo mientras me quede una pizca de dignidad. Pero hoy me siento con energía y pregunté al pobre señor de barba cerrada y bigote ancho a lo Freddie Mercury... -Perdone, ¿pero cuando se ofrece la misa?- el tipo me miro con pocas ganas de contestar y señalo una mesa con varios papeles encima. Hasta en un burdel te reciben mejor que en la casa del señor...

ja,ja, qué manera de pecar. Es que en los burdeles se deja mucho dinero y en la iglesia cada vez menos.
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