Una suave luz cálida empieza desde el horizonte para acabar perdiéndose en un anochecer de deseos concedidos y esperas interminables ante la ansiosa llegada de tiempo y todo lo que acarrea el deslizamiento leve de la arena, en el interior del cristal que parece querer escuchar unas notas que cambian a una velocidad tan lenta como la de mi cuerpo y mi mente se van a relajar durante unos días. El temporal mas tormentoso ya paso gracias a la valorada experiencia adquirida en un lugar de trabajo en el que parecía imposible amoldarse pero todo tiene su base y una vez asentado todo parece mas pausado. Aunque aun faltan huecos por tapar, pero mi ímpetu y ganas de querer sobrepasar el límite y arroyar la delgada línea del exilio voluntario, parece haber llegado a su fin. Vaya, parece que las brisas nuevas aumentaron en mayor grado mi lenta mejoría escribiendo unos textos que como todo en la vida se aprende a base de errar y acertar.
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