El viento entraba desde el sudoeste de la ciudad. Podía notarlo, era cálido. Las hojas marchitas crujían bajo mis pies. Me sentía bien, las horas no me ahogaban. El sitio era el mismo, todo parecía calcado, menos unas líneas que no estaban escritas. No me importaba desviarme un poco de la rutina, aunque fuera cuestión de minutos. Esa era la sensación de calidez, que por vez primera me estaba ocurriendo. Algo rompe con furia en el exterior. No arrecia. Pero no me importaba. Quería parar el tiempo, que la fina arena que corre a través del cristal me diera unos segundos mas...
8/20/2010
Viento
El viento entraba desde el sudoeste de la ciudad. Podía notarlo, era cálido. Las hojas marchitas crujían bajo mis pies. Me sentía bien, las horas no me ahogaban. El sitio era el mismo, todo parecía calcado, menos unas líneas que no estaban escritas. No me importaba desviarme un poco de la rutina, aunque fuera cuestión de minutos. Esa era la sensación de calidez, que por vez primera me estaba ocurriendo. Algo rompe con furia en el exterior. No arrecia. Pero no me importaba. Quería parar el tiempo, que la fina arena que corre a través del cristal me diera unos segundos mas...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Los relojes de arena no se pueden parar.
ResponderEliminarBesos!
Ojalá pudiesemos para el tiempo, pero... quien sabe quizá se para sin que nosotros nos demos cuenta :)
ResponderEliminarEs una lástima Vanessa, ojalá el tiempo parase alguna vez, al menos en momentos dulces...
ResponderEliminarShara, tuve la ligera sensación de que se paraba y todo lo que había a mi alrededor desaparecía. Estaba realmente bien con ella en esos escasos segundos.
Un abrazo!! =)
Precioso.
ResponderEliminarPero no pretendas para el tiempo, dejarás de sentirte vivo.
Solo pido cinco segundos Mei, me sentía mas vivo que nunca. Era todo una pincelada de lo que me gustaría sentir en un futuro por alguien...
ResponderEliminarSaludos! =)
de dónde es la imagen??
ResponderEliminar