Escribía tu nombre en un fino papel transparente, era como si quisiera que salieras de ahí y envolvieses mi cuerpo con tu ternura y tus brazos. Realmente nunca quise parar de decirte cuantas cosas te pondría en un cielo lleno de estrellas. A veces sentía que no tendría palabras suficientes para que cupiesen en una sola vida y que necesitaría el reflejo de la tuya para desenrollar un pergamino demasiado antiguo. Era como si el destino hubiese bordado tus sentimientos en una grieta por la que ni el libre viento pudiese colarse por ahí. Algo me decía que debía escuchar tu silencio amargo para revitalizar mi alma, un espíritu que no conseguía liberar su chakra y sentirse relajado y tranquilo.
Siempre te dibujaba caminando sobre la rugosidad de la arena, tus pies en vez de pisar flotaban sobre la inmensa playa de tu corazón. El color blanco de aquellos granitos invadía unos latidos nostálgicos por la falta de tus labios. No llegaba a comprender la desazón que mi cuerpo sentía al no poder tocarte ni decirte las palabras que transcriben unos dedos faltos de una caricia tuya.

Estas palabras se merecen un millon de caricias y más! Un abrazo cariñoso que te sane un poco el corazoncito... :)
ResponderEliminarGracias guapa, recojo ese abrazo gustosamente ;)
ResponderEliminar¡Un beso!
era como si quisiera que salieras de ahí y envolvieses mi cuerpo con tu ternura y tus brazos
ResponderEliminartan dulce como desgarrador y triste...
Tú lo has dicho Nada más importa, tan triste como la vida misma.
ResponderEliminar¡Saludos!
Cuantas cosas quedan por decir...y es horrible sentir que no puedes hacerlo
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