Ocultabas tu mirada entre las sombras de la habitación, pero podía adivinar el gesto de tus manos escondiéndose suavemente en los tejanos desgastados. Sin embargo no llegaba a ver el perfil de tus mejillas ni el color de tus labios. ¿Sería el carmín intenso de siempre? me pregunté. Intente sacar mi cámara de vídeo para registrar tus movimientos sensuales. Pero la batería estaba descargada y mis ganas empezaban a debilitarse. Imagine por un momento que era una hoja caída de un árbol y el viento me llevaba a lugares en lo que nunca habría podido sacarte una foto o grabarte como mereces.
Soñé con verte en Japón, en la ciudad de Kyoto. Hay un templo dorado que perteneció a un antiguo emperador. Se decía que estaba hecho de oro como la miel que corre por tus venas. Durante la segunda guerra mundial fue la única ciudad donde no cayo ni un sola bomba. Ese escudo rojo escarlata protege esos templos en los cuales me gustaría fotografiarte una vez. ¿Algún día vendrías conmigo?

Seguro que algun día irá contigo :)
ResponderEliminarDe las leyendas y religiones no me fío nada pero sí de hacerme fotografías en los templos que dejan. Los de Japón, como los tengo menos vistos, me resultan más interesantes. Yo tampoco creo que ella te dijera que no a la propuesta.
ResponderEliminarEspero que sea sí Alba ;)
ResponderEliminar¡Saludos!
Hou, ojalá llegara algún día esa cometa tan lejana que no hace más que surcar mi horizonte.
Saludos.