Hacía frío, mucho frío los copos de nieve caían sobre mi piel. Era diciembre, estaba todo apagado los sonidos que producía la aguja plateada del tocadiscos se paro en aquel instante. Me quedé aturdido por unos segundos no vibraba la música en mis oídos, ahora se abría una nueva capa. La guitarra por fin acompañaba el compás de esa melodía interna que emergía en forma de palabras para transformarlas en notas. Sentía el impulso de tocar y tocar hasta que el sol me descubriese por la ventana.
El alba rayaría el horizonte en busca de tu ligado, como queriéndose estrecharse con un lazo y atarte a mi destino. Pero el aire se colaba por los visillos de la ventana, a veces notaba tu aroma y me derrumbaba alargando una nota hasta que tus labios bordasen el final de la estrofa. Ya no sentía el hielo derritiéndose por cada rincón de mi cuerpo, ahora te veía como el aire. Libre y llegando a mis pulmones para que me sintiese enérgico.

Ya no sentía el hielo derritiéndose por cada rincón de mi cuerpo, ahora te veía como el aire.
ResponderEliminarcreo que se trata de la sensación que todos buscamos...