Seguía rodeado de espinas y rosas sorteando la maleza que cubría tu cuerpo. Tenía una idea, un presentimiento en el cual mis manos se encargaban de darle calor a un corazón frío y falto de una sonrisa. Tus labios se dejaban ver entre las sombras de una vida solitaria sin saber a donde ir. No había rincón alguno donde albergar una esperanza un deseo o un destello de algún alma soñadora como la mía. Todo parecía predestinado como si los lazos de aquellas personas se resistieran a un eterno latir para combatir el gris oscuro que parecía crecer y crecer como el aullido de un lobo resonando en aquella ladera.
El bosque parecía engullirme y no quería que saliera para ver los claros de la luna. Las hadas no salían en mí busca, me hundía o en realidad sentía que escapaba. Quisiera, quería encontrar algo que me revitalizara pero quizás había caído demasiado. Ni sonidos, ni aullidos, ni elfos ¿donde estaba? era peor que la realidad amarga por la cual mi existencia luchaba por no perecer y ahogarse en un mundo sin ilusiones.

Tus labios aparecian y me rescataban
ResponderEliminarTus manos rozaban mis mejillas para darles calor.
ResponderEliminarLO mejor de las hadas es que nunca se dejan ver. Precioso texto y foto.
ResponderEliminarUn saludo :D
La metáfora del amor como una rosa con espinas que pinchan no se ha superado todavía.
ResponderEliminarFeliz Año Nuevo!!
ResponderEliminarTe deseo que este año te siga acompañando tu musa, y si es en persona mejor todavía!
Besitos!