Movimiento, es constante, continuo. Me pasa con todo, escribiendo, tocando la guitarra, yendo en bici. Siento que el paréntesis se ha ido. Noto el aire, esa sensación de bien estar. El sudor, las endorfinas liberándose. El deporte, el giro inesperado de mi vida. Ya no soy el que era, ahora soy un tipo duro. Sí. Me lo he creído, y como prueba de ello escupo el chicle sobre la acera. Me da igual quién lo pise. Me pongo colorado, veo y me ve. -Mmmm- que bien sienta eso. Le aguanto la mirada, -ella también- hacia milenios que no me pasaba. Yo, aguantando miradas femeninas. -Vaya, ¿quién es este tipo nuevo?- Piensa mi consciencia juguetona. Estiro el cuello, se me ha cargado. Relajo, suspiro y mascullo para mis adentros; -necesito un polvo-. Pongo la mente en blanco, conocedor de mis puntos débiles. Tengo que explorar ese nuevo terreno -las chicas- hace tanto que cerré la puerta que no sé si podré dejarla entre abierta. Me cuesta, en serio. Debo llegar a ese reto y hablarle. Decirle que estoy aquí, presentarle mis cualidades. Mi vida, -mierda-. Tengo que empezar a fumar y a dejarme el pelo largo, a ellas les gustan en plan macarra. Yo no encajo, demasiado deporte y vida sana. Necesito un trago y un caballo. Sí, quizás deba interesarme por esas carreras y apuestas. Puede que gane algo y la invite a cenar...

ja,ja el tipo duro que se pone colorado no es tan tipo duro. La próxima vez me lo tiras a la papelera, el chicle. Y eso sí, invítala a tomar algo y sin desviarle la mirada(pero sin mirarla fíjamente) habla con naturalidad con ella.
ResponderEliminar